Qué es la autorrealización - AUTORREALIZACIÓN

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Qué es la autorrealización

Introducción a la Autorrealización
Antonio García Domínguez

Tienes a continuación un intento de ofrecer una introducción a la Autorrealización lo más cercana y sencilla que me ha sido posible. Es un texto pensado para que personas no introducidas en el tema puedan hacerse con una idea cercana de lo que es y no es la Autorrealización.

Autorrealización ¿De qué va esto?

Pues es tan sencillo que cuesta transmitir el tema con una contundencia proporcional a la enorme trascendencia que tiene en nuestras vidas.

Resulta que vivimos en una falacia, un espejismo mental, en una realidad construida culturalmente a lo largo de milenios y que no responde a lo que es la verdad de la vida, de lo que son las personas y de lo que eres tú.

Yo suelo decir en los grupos de autorrealización que vivimos en un videojuego, porque es el símil más correcto que se me ocurre para explicarlo. El proceso de identificación y condicionamiento que se produjo en nuestra mente infantil a lo largo de los primeros años de vida, es el mismo que se produce cuando una persona juega a un videojuego desde un personaje y se identifica con él.

Sí, el planteamiento que da sustento a todo el proceso de Autorrealización es que vivimos en Matrix o, expresado en términos más propios; vivimos en la mente condicionada, atrapadas en la maraña de ideas y valores que hemos ido aceptando como verdad a lo largo de nuestra vida. Platón lo explicó muy bien con su alegoría de “La Caverna”.

Este Matrix tiene ya, al menos, varios milenios y, personalmente, creo que responde sencillamente a un momento o fase de la evolución de la especie humana, de la mente humana... A él se refirieron personas como Buda, Platón y buena parte de la filosofía, Jesús, San Francisco de Asís y buena parte de la mística cristiana, la Kábala Judía, la tradición mística Musulmana, las escuelas o tradiciones Indúes, Gandhi, la llamada psicología transpersonal, Blay, Eckhart Tolle y un largo etcétera.

Quizás la más importante de estas ideas trampa, de estas ideas aceptadas, según la terminología usada por A. Blay, es la idea de yo. Cuando se activa esta idea, a menudo tiene la capacidad de provocar una resonancia interna que conecta con una profunda sensación de yo. La cuestión es sencilla: las ideas son falsas, la sensación profunda de yo es verdadera. La clave está en apartar las ideas y quedarnos con la conexión directa con esa energía interna.

Cuando hablo de “la idea de yo” que cada persona hemos construido, no me estoy refiriendo a una única idea, sino, más bien, a una estructura compleja compuesta por ideas aceptadas, auto-juicios, recuerdos de situaciones vividas, asociaciones emocionales (miedo, culpa, rabia, tristeza, alegría, ilusiones, desamparo...) adjuntas a esos recuerdos, deseos/adversiones, sensaciones, intuiciones, etc. Todo un conglomerado mental al que nuestra mente asigna la etiqueta “eso soy yo o eso es parte de mi esencia/naturaleza”.

El problema se agrava por el hecho de que mi mente no pone en duda esa idea de yo. Ni siquiera pone en duda los juicios y demás procesos mentales que han llevado a construirla. Es decir, está identificada, admite la idea de que “eso soy soy”.

Y podrás preguntarte, vale, pero ¿Realmente eso es un problema tan grave? Porque, en el fondo, como todo el mundo está igual, pues...

Esto último es muy importante y te lo voy a explicar con un ejemplo: Todas las personas tenemos ideas sobre las cosas... Digamos por ejemplo, sobre lo que es una silla. Esta idea está creada por nuestra mente y es estrictamente individual, es decir, no es exactamente la misma en todas las personas que componen nuestra sociedad, aunque sí lo suficientemente homogénea como para que nos sea válido usar ese término para entendernos entre unas personas y otras.

Hasta ahí todo muy bien, pero... ¿Te puedes sentar en tu idea de “silla”? Pues no. Por muy elaborada que tengas la idea de lo que es y de lo que no es una silla, no puedes sentarte en la idea.

Lo mismo ocurre contigo. Para el caso de la silla, estamos hablando de una simple limitación, pero cuando de lo que se trata es de algo tan importante como yo, como tú, lo que soy y lo que no soy, vivir en la idea y no directamente en la realidad, se convierte en una verdadera tragedia... Sí, tragedia, una tragedia griega es en lo que se suele convertir nuestra vida cuando la vivimos aceptando como protagonista a ese falso yo mental.

Vives desde o en la idea de lo que tú eres. Es una idea muy elaborada que te acompaña y condiciona desde los primeros años de tu infancia y a la que, por cierto, tu mente se ha habituado (hábitos adquiridos) e, incluso, le has cogido cariño. Es una idea que ha ido evolucionando con el tiempo, variando según tus experiencias... ¡Pero no eres tú! No es más que el reflejo en el espejo mental de una realidad viva, sintiente e inteligente, que eres tú.

En cuanto a que “todo el mundo está igual” es importante decir que esta es una verdad a medias: por un lado, hay cada vez más personas que se están dando cuenta de esta trampa y la están afrontado. Millones de personas en todo el mundo tienen como prioridad en sus vidas encontrar la verdad de lo que son. Por otro lado, sí que es cierto para nuestro momento histórico que una gran mayoría de las personas, de las personas que conoces y te relacionas, ven esto como totalmente extraño y ajeno. Esta es una de las cuestiones que ha de tener muy en cuenta la persona que inicia el camino de la Autorrealización: se va a encontrar con dificultades para explicarlo a su entorno y, ese mismo entorno, no le va a ayudar mucho en el camino sino que, más bien, directa o indirectamente va a tirar hacia el inmovilismo, hacia el no cambio.

En este punto se me ocurre hablarte del escepticismo o incredulidad. El tema ha aparecido referido a las otras personas, pero la mayor fuerza de incredulidad a la que tendrá que enfrentarse una persona en proceso de Autorrealización es la que emana de su propia mente, que se sitúa en esa posición de falsa “fuerza-seguridad” pero que, a poco que se mira bien, aparece hecha de una gran inseguridad ante el cambio que se le propone: sí, la mente a menudo prefiere “malo conocido” que “libertades y plenitudes por conocer”. Como con todo lo demás, la actitud adecuada hacia esta incredulidad no es taparla, sino mirarla bien, observarla hasta comprender de qué está hecha, qué hay debajo.

Más adelante veremos que el proceso de Autorrealización se basa en las experiencias vividas que nos permiten conocer y comprender la verdad de las cosas sin tener que crear nuevas ideas acerca de las mismas. Esto se consigue utilizando una herramienta básica que es la Observación. A partir de aquí, Blay plantea que la persona, necesariamente, a lo largo del proceso se irá enfrentando a situaciones o pasos que aún no ha experimentado y que, por tanto, aún no cuenta con la evidencia de que eso que le dicen es estrictamente cierto. Ante esto, Blay propone que la persona acepte el hecho como una hipótesis de trabajo y que, a partir de ahí, observe la cuestión a ver qué hay de cierto en ello o no.

Lo que se le propone a la persona en proceso de Autorrealización, pues, no es más que mantenga una actitud abierta al conocimiento, una actitud propia del/a científica/o que ha de estar siempre abierto a nuevas evidencias que corroboren o desmientan su hipótesis de investigación.


Si no soy yo... ¿Quién está viviendo y decidiendo por mí?

Pero es que, a continuación, aparece otra cuestión determinante... ¿Quién ha decidido en cada momento qué ideas nuevas se iban aceptando acerca de lo que eres y no eres, acerca de tus características, cualidades, capacidades, etc? Acerca también de lo que eres en el fondo, en esencia.

Pues, desde luego, tú no. En todo caso, tu mente ha hecho esa labor que no le correspondía. Has otorgado a tu mente el enorme, casi divino, poder de decidir lo que eres y, en consecuencia, qué vida vas a vivir.

Pero además, este entramado no se limita a la idea de ti misma/o. Tu mente también ha ido aceptando ideas sobre lo que es el mundo y sus leyes de funcionamiento.

Así pues, en lo fundamental, lo que aquí se plantea es una cuestión de libertad, de iniciar un proceso de liberación con respecto a nuestra mente enajenada que nos impide ser realmente lo que somos y desarrollarnos plenamente, que es a lo que hemos venido a este mundo. Esto último también se podría explicar diciendo que iniciamos un proceso de reeducación de nuestra mente.

La idea clave aquí es: “Tú no eres tu mente ni sus sistemas o funcionalidades”. No eres tu correlato de pensamiento (sí, ese con el que tanto nos identificamos), ni tus emociones, ni tus deseos, ni muchas otras cosas más. Todo eso son funciones o sistemas mentales, que son muy importantes y necesarios, sí claro, por supuesto, pero que no somos eso. Identificarse con ellos es algo tan absurdo como hacerlo con nuestra cara o el hígado.

El origen de todos nuestros problemas

Pero lo peor de todo es algo que se puede expresar con una simple pregunta... ¿Cuál es el elemento común que siempre está presente en tus situaciones de sufrimiento? Pues, justamente, esa idea de yo.

Dicho de otra manera: nuestra mente construye y se identifica con una idea falsa de yo a la que, para colmo, ha de defender con respecto a las continuas agresiones o peligros que, según sus entendederas, vienen del exterior y también de interior.

Los problemas que nos hacen sufrir provienen de la existencia de un yo mental o ego, entidad artificial que ha creado nuestra mente y con la cual se identifica al igual que lo hace en un videojuego. Vivimos la vida a través de ese personaje y asumimos como propias, sus cualidades, venturas y desventuras.

El dolor es un componente natural de la vida. Es más, incluso, es necesario para completar nuestro proceso de desarrollo como personas. El problema es cuando se mete por medio ese yo-mental o ego del que estamos hablando, que hace construcciones mentales a partir de ese dolor y provoca la aparición del sufrimiento.


Entonces... ¿Qué es la Autorrealización?

La Autorrealización es un proceso de liberación que tiene por objetivo encontrar la verdad de lo que somos. Implica una toma de conciencia y un desarrollo, a través del ejercitamiento y la práctica adecuada. Es un trabajo, que realiza una persona consigo misma, y que está dirigido a superar el condicionamiento que ha sufrido su mente y los efectos que esta situación ha producido a lo largo de su vida. Paulatinamente, va cambiando su forma de ver al mundo y a sí misma. Cambia la respuesta a las preguntas: ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Qué es el mundo, la vida y la muerte?

A lo largo de este camino, la persona utiliza unas herramientas que le permiten superar las resistencias y dificultades que va encontrándose. Las principales son la observación y la atención, la meditación, el centramiento, la respiración y el trabajo con el cuerpo en general y, por último, la generación de la actitud adecuada.

Habitualmente, es el sufrimiento o malestar, el motivo inicial por el que una persona siente la necesidad de cambiar. A menudo, aparece también un anhelo de encontrase a sí misma y/o una búsqueda de un sentido a su vida.

La Autorrealización implica un cambio de raíz, un cuestionamiento de todo lo que creemos como verdades sobre la realidad de lo que somos. Durante el proceso la persona se va dando cuenta de que su mente se ha ido identificando con sus diferentes elementos (ideas, pensamientos y emociones) y que está determinada por estas creencias y por los hábitos condicionados que ha adquirido.

Básicamente es un proceso de re-aprendizaje y, por tanto, serán aplicables las leyes que rigen a los procesos complejos de aprendizaje del ser humano: será el resultado de la confluencia de diferentes factores como: la necesidad y motivación de la persona, su interiorización de conocimientos, su práctica, su momento de evolución, etc.

En definitiva, la Autorrealización es un camino, de los muchas que a lo largo de la historia ha utilizado el ser humano, para encontrar su identidad más profunda, aquella que se nutre directamente de las fuentes de la vida, el amor y la sabiduría.




La Autorrealización explicada en palabras de Antonio Blay

Lo que está impidiendo mi autorrealización son mis propias ideas y creencias. Siempre estoy buscando que algo exterior me dé, bajo la amenaza de que otro exterior me lo quite, y en ningún momento estoy buscando la plenitud allí donde realmente está. La única plenitud concebible, real, en el mundo concreto es la plenitud que es consecuencia de una plena actualización del propio potencial. Todos nuestros problemas psicológicos derivan de este insuficiente desarrollo de nuestras cualidades. Solo mi desarrollo interior me puede llenar.

Esa trayectoria por la cual yo estoy constantemente tratando de llegar a algo que me complete, que me haga vivir una plenitud en un sentido u otro, hace que en cada momento yo adopte unas actitudes, que responda ante las situaciones de un modo u otro. Todo esto está creando un estilo propio que le podemos llamar el personaje. Este es el personaje que estamos representando en la vida sin darnos cuenta.

El primer trabajo es la atención despierta para observar, para ir descubriendo qué está funcionando, y con esta atención no solamente iré descubriendo los condicionamientos, los hábitos adquiridos, sino que también iré descubriendo el personaje que yo estoy representando en la vida. La atención y la observación me permiten estar más allá de esos mecanismos que están funcionando automáticamente.

Cuando insisto en la observación, cuando ya parece que todo está visto, curiosamente aparece entonces una visión profunda, y veré la causa de la cosa. Penetraré en ello y será una visión inmediata y completa. El ver nunca engaña. Engaña la interpretación de lo que veo. Con el pensar no descubrimos. Con mirar, observar y comprender, sí.

La mente ha de ser reeducada porque la mente es un elemento pasivo en el que se registra todo lo que se le da. Una vez aceptada una idea actúa en función de las ideas aceptadas. En la medida que en nuestro interior hay ideas, mi estado exterior y mi comportamiento serán la expresión de estas ideas. Las ideas son las que pre-determinan, pre-configuran mi modo de sentirme y mi modo de funcionar.

Este trabajo consiste en ir mostrando al inconsciente, como si se tratara de la educación de un/a niña/o, de un modo directo, la verdad. Es una reeducación de base.

Funcionar conscientemente desde el centro es el requisito de la eficacia máxima, a la vez que es el requisito para que yo sea realmente yo y no mis cosas, no mis ideas, no mis emociones, no mis procesos físicos.

Conforme desarrollo la capacidad de ver me acerco al origen de esa capacidad, que es el SER central. Al final, el ver se convierte en sujeto (ahora siempre es un objeto) que es el SER. Se produce pues un doble desarrollo.

Es necesario trabajar primero la autorrealización porque los mismos problemas cambian totalmente conforme nos vamos autorrealizando.



La autorrealización supone llegar a descubrir, a realizar cuál es la identidad última que hay en mí.

Realizarse es descubrir lo que una/o es detrás del error en que se vive, y si no se descubre el error no se puede vivir la verdad.
La verdad no es algo a adquirir, la verdad es lo que queda cuando quito el error que he superpuesto.
Antonio Blay.

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