El monasterio acabado - AUTORREALIZACIÓN

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El monasterio acabado

Un gran monasterio se precipitaba vertiginosamente hacia su disolución. Años atrás, había sido un centro privilegiado de enseñanza en que estudiaban unos 100 monjes.  Los eruditos del monasterio, en la antigüedad, fueron solicitados por príncipes y gobernantes, pero desde hace años se había extendido por el recinto la confusión y la pereza y, en la actualidad, sólo quedaban el abad y unos pocos monjes cansados y deprimidos.

Cierto día, un gran maestro fue a hacer una visita al monasterio y el abad le preguntó al maestro si se le ocurría alguna idea para salvarlo. El maestro le dijo:

- Es muy sorprendente lo que me cuentas, pues yo sé bien que las profecías anuncian que de entre los monjes de este monasterio, saldrá el próximo Mesías.

Lo que dijo el maestro llegó al oído de los otros monjes que se pasaban el día murmurando entre ellos quien podría ser el Mesías. Cuando yacían en sus camastros en la noche, les era inevitable analizar la posibilidad de que fueran ellos mismos y se planteaban cómo estar a la altura de esa posibilidad.

Mientras esto sucedía, comenzó a tener lugar una notable transformación.

Empezaron a tratarse con mayor cortesía, por si alguno era el Mesías. Igualmente, comenzaron a tratarse a sí mismos con el mayor respeto por si se pudiera dar el caso, altamente improbable, de que ellos mismos fueran el Mesías.

Los excursionistas, que pasaban por las montañas en las que se situaba el monasterio y que visitaban a los monjes, advirtieron el ambiente de paz, calma y serenidad que se respiraba alrededor. Pronto se corrió la voz y aumentaron el número de visitas, incluso algunos decidían convertirse en miembro de la comunidad.

En un breve plazo de tiempo, el monasterio había vuelto a florecer, los monjes experimentaron estados de conciencia sublimes.

Cuando llegó la noticia al maestro que había sembrado aquella idea se sonrió interiormente, pues solo con ese anuncio que se inventó en aquel momento, los monjes encontraron su valor dentro de ellos mismos, generando así las condiciones necesarias para la renovación.

El maestro pensó: “bien es cierto que nos transformamos en aquello que creemos ser”

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